EDUCACIÓN: PALANCAS DE CAMBIO

Padres y tutores: empiezan las matriculaciones en los centros de enseñanza para el curso que viene. La cuestión clave que habría que preguntar a los centros donde pretendan apuntar a sus hijos, sea de Enseñanzas básicas o superiores (los padres siguen interviniendo extraordinariamente en las decisiones de los mayores de edad), o incluso con las de carácter de refuerzo extra escolar, sería: ¿QUÉ HACEN USTEDES BIEN Y DE FORMA ORIGINAL?

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Este texto, aunque parezca una opinión, es más bien una constatación de algo que viene ocurriendo, si no de forma masiva, si llamativa. De un tiempo a esta parte, empiezan a aparecer resistencias o “insumisiones tolerables” alrededor del sistema de enseñanza oficial regulado por las diferentes normativas emanadas de los Boletines Oficiales y de las diferentes administraciones, que son los que guían la impartición de la enseñanza en el estado, a todos los niveles. Y curiosamente, no se tratan de figuras o colectivos especialmente caracterizados por su beligerancia antisistema o nihilismo actitudinal. Tampoco es un parecer no compartido ampliamente, si constatamos la sensación general de hastío e impotencia ante el nivel general del estudio (de cómo, qué y por qué se estudia) de nuestros jóvenes. Las reacciones que aquí referenciamos pueden ser derivadas de ese hastío, o más bien y es lo triste, de no esperar ya demasiado de las gestiones, presentes y venideras, de las diferentes administraciones con respecto a la Educación y la Enseñanza. Por supuesto que experiencias claramente vinculadas a la libre enseñanza militante como por ejemplo, la institución Paideia Escuela Libre de Mérida (26 años trabajando), aguantan (contra la intolerancia estatal que les hurta oficialidad) por la fuerza conceptual de su proyecto y la convicción ideológica de los maestros, imaginamos; pero en general, las líneas actuales más interesantes, están por la labor de crearse sus propios espacios formativos, respetando las bases oficiales exigibles en forma de mínimos.

Llama la atención, cómo la comunidad jesuítica en Cataluña, por ejemplo, decide dar un cambio a los planteamientos educativos con su proyecto Horitzó 2020 (http://h2020.fje.edu/es/#), basado fundamentalmente, no en las leyes que los diferentes gobiernos pudieran establecer como camino educativo estandarizado, si no en base a los educadores/as, alumnos/as, familias y personal de gestión de Jesuïtes Educació, y también personas y entidades del mundo educativo en Cataluña, que han participado activamente en un proceso de reflexión en torno a cómo debe ser la escuela que queremos. El trabajo ha reunido cerca de 13.000 personas y ha recogido más de 56.000 ideas y propuestas”. Claro, a semejante despliegue de inquietud institucional propia, contrastada y calibrada, no hay “tarjeta roja” ética que sirva de freno a este ímprobo trabajo.

El 12 de mayo del 2014, el programa de TVE 2 “La aventura del saber” (http://bit.ly/1xsgBLk) presenta el trabajo del Col-legi Montserrat, basado en la constante innovación, implementando desde 1992 sus “cuatro vías de transformación” progresivas:

  1. Del curriculum – metodología – evaluación.
  2. El rol del profesor y el rol del alumno.
  3. La organización del centro; “que si no fuera por las leyes nosotros aún haríamos más cambios en la organización” (Araceli Vendrell, Directora de Comunicación del centro).
  4. Los espacios.

En este mismo blog, hemos hecho eco de la experiencia del profesor voluntariamente retirado, Carlos González, que con su documental “Entre maestros” (http://bit.ly/18T9Mw3) nos posiciona en observadores de cómo podemos llegar al alumno adolescente de forma reflexiva, humana y al margen de resultadismos (permítanme la expresión) evaluativos numéricos o interesados.

Y qué les voy a decir de los textos escritos… desde la referencia María Acaso, a libros como “La mejor Universidad del mundo (claves para la imprescindible y urgente ‘reconversión’ de las universidades)” de Joan Cortadellas y Alberto Jorge (Ed. Profit), “un diálogo imaginario con una joven Rectora” de una “Universidad ideal” que no existe realmente, siendo el libro una especie de radiografía sobre cómo podría ser la Universidad eficaz… si se diesen las condiciones adecuadas.

Es decir, cualquier proyecto de interés pedagógico, novedoso o con intenciones de cambio, a cualquier nivel, se encuentra al margen de las normativas establecidas como leyes de obligado cumplimiento; y no como intentos revolucionarios de derrocar ningún tipo de estructuras, si no por pura inercia natural: lo interesante e importante, no parte de la ley, sino de iniciativas y reflexiones privadas, en el sentido de personas y colectivos que deciden ampliar horizontes por su cuenta. Gentes de investigación y acción, no corporativistas, de formación que en muchos casos, está más dominada por la experiencia vital y real (“la calle”), por el autodidactismo honesto y científico, que por títulos y masters cada vez más inocuos y comercializados. El oficio de profesor, si hablamos de una evolución normal, coge cuerpo a medida que uno va sumando horas de clase y trabajo de campo, pudiendo estar en el clímax laboral, paradojas del oficio, la hora antes de jubilarse; la experiencia es un valor positivo (lo siento por los jóvenes acumuladores de diplomas y de estudio oficial) quizás más acusado que en muchas actividades remuneradas en las que la edad impide un desarrollo pleno.

Parece ser entonces, que la pregunta clave que padres y tutores deben de hacer a las instituciones educativas, antes de matricular a sus hijos en algún centro tendría que ser “¿y qué hacen ustedes que les desmarque del B.O.E.? estrategias de trabajo, contenidos, dinámicas de aprendizaje, métodos propios…”: a mayor cantidad de despegue, más posibilidades de formación menos entumecida, menos estandarización limitante, más trabajo proyectual e implicación del profesorado (menos “talante funcionario” del profesional), menos corporativismo absurdo, menos burocracia… no es una garantía absoluta de éxito, qué duda cabe, pero es más fácil que se aleje de telarañas conceptuales, paredes cerebrales enmohecidas y puertas metodológicas chirriantes…

Tengan suerte en las elecciones (de los colegios, quiero decir), sean inteligentes, críticos; por qué no, arriésguense, y no se dejen seducir (espacios físicos, medios técnicos, super webs, sellos de supuesta calidad… oropeles y ornamento) por cosas que no sean estrictamente formativas.