El profesor/artista…

Hay oficios que tienen la capacidad de fascinar (a algunos, claro) porque representan la perfecta fusión entre el Hombre de Ciencia, de “trabajo de campo”, experimental, y el artista habilidoso (o sea, el clásico… cuando al artista se le presuponía un talento/base): el arqueólogo con sus dibujos en el cuaderno de notas (para mí, un buen Moleskin), el biólogo retratando una naturaleza… los alzados que mi padre, carpintero, improvisaba al cliente in situ allá por los años setenta del anterior siglo y que posiblemente, sirvieron para despertar mi interés diseñístico. La facultad de un profesional, de un didacta, de un obrero, por transmitir su acervo o su visión de las cosas vía artística, irremediablemente, me retrotrae a una infancia rodeada de estímulos analógicos. Y el profesor, dibujaba en la pizarra.

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Nuestro profesor Aitor Saiz, practicando la ilustración didáctica; los dibujos que aparecen en este artículo son de él.

Una educación obsesionada con las tecnologías aplicadas al aprendizaje en todos los agentes implicados, desde las aulas al estudiante (y a toda costa, como si fuese garantía de algo), hace pensar en el profesor/artista como “especie en extinción”.

La imagen fotográfica realista, como recurso de explicación docente-discente, a priori, informa mejor. No es del todo correcto. Elimina confusión, sí, pero también capacidad de atender con más atención si un profesor dibuja la imagen que informa (expectativa), perjudica la imaginación (la conformación en paralelo de la imagen por el alumno, a medida que el profesor ilustra) evidenciando demasiado (a la larga, va diluyendo la tendencia curiosa del niño), amen de escenificar un aprendizaje más acelerado y sólo contemplativo. Recuerdo cómo las imágenes de Arte que nuestro profesor ponía en clase, eran dibujadas por todos para retenerlas mental/visual/gráficamente: no teníamos Internet para que nos suministrase el material. Aprendimos dibujando.

Micénicos

Micénicos

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Hoplitas y auxiliares

En TEKNAHI dibujamos mucho a nuestros alumnos (no entiendan que les hacemos retratos); y les gusta. Y aprenden. Nos exigimos unos mínimos de capacidades artísticas (un poco de sensibilidad y gracia) que hay que ejercitar y mantener (trabajo); así, a nuestros estudiantes les proyectamos cierta suficiencia creativa no maquinal, sin pretender poner puertas al campo ni transmitirles aversión por los medios tecnológicos (sería incongruente por nuestra parte) por supuesto, ni eliminar de nuestra formación las herramientas de reproducción y creación digitales o tecnológicas; pero sí creemos que las habilidades humanas y las capacidades intelectuales y creativas es mejor desarrollarlas primero, del pensamiento a las manos, desafiando la falsa idea de obsolescencia que nos (mal) venden. Nuestros estudiantes leen, escriben, dibujan, recortan y pegan, subrayan con lápiz, ensucian, manchan, bocetan… tengan la edad que tengan. Al fin y al cabo, Newton formuló la ley de la gravedad cayéndosele una manzana en la cabeza (por lo menos, eso dicen), lo más prosaico del mundo…

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Macedonios